Ingesta de frutas y verduras en relación con mortalidad

Ingesta de frutas y verduras en relación con mortalidad

Resultados de 2 cohortes prospectivas y metaanálisis de 26 estudios de cohorte “los animales se dividen en: “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo

Resultados de 2 cohortes prospectivas y metaanálisis de 26 estudios de cohorte


“los animales se dividen en: “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.” -El idioma analítico de John Wilkins- J.L.Borges
(Primer regla de ciencia nutricional: Dime quién publica y te diré la conclusión…)

 

Publicación

“La ingesta subóptima de frutas y verduras, se ubica entre los mayores contribuyentes de la dieta al problema de la enfermedad y la muerte prematura en los Estados Unidos”, así comienza este estudio[i]  del famoso investigador Walter Willett, y su colaborador Frank Hu, en el cual se examinó, la relación de ingesta de frutas y verduras con mortalidad. Para esto se utilizó la base de datos de la cohorte de enfermeras “Nurses’ Health Study (NHS)” y de hombres “Health Professionals Follow-up Study (HPFS)”. Figura 1

La hipótesis inicial fue que la ingesta de frutas y verduras se correlacionaba en forma no linear con disminución de la mortalidad

Se excluyeron pacientes con enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, ausencia de datos en seguimiento de ingesta de frutas, o ingestas fuera de límites acordados (<800 o >4200 kcal/d hombres y <600 o >3500 kcal/d mujeres); se descartaron 46% de las mujeres y 18,5% de los hombres.

Realizaron cuestionarios semicuantitativos de frecuencia de comidas, debidamente validados, al inicio y cada 2 a 4 años.

Además, se realizó una búsqueda de estudios sobre ingesta de frutas y verduras, que tuvieran punto final “mortalidad” entre sus resultados y detallen la cantidad ingerida de frutas y verduras.

Se dividió en quintilos, acorde a la ingesta diaria de frutas y verduras, Q1: 2 porciones o menos, Q2: 3, Q3:4, Q4:5 y Q5: 7 o más. Se estandarizó la porción en 80 gramos.

A los datos de las cohortes de NHS y HPFS, se le sumaron 24 estudios prospectivos para completar el metaanálisis. Estos estudios eran heterogéneos en la forma de adquirir los datos, rangos de ingestas, confundidores y ajustes estadísticos.

Una de las fortalezas de este estudio fue la solidez del manejo estadístico.

 

RESULTADOS

Estudio de enfermeras (NHS) y profesionales (HPFS)

Durante el seguimiento a 30 años del grupo mujeres se registró una muerte por cada 100 personas-año de seguimiento, y en el grupo de hombres 1,5.

Los pacientes en el quintilo más alto de ingesta de frutas y verduras, también comían más sano, hacían más actividad física, fumaban menos y consumían menos alcohol.

La relación entre ingesta de frutas y verduras fue inversa y no linear, logrando la menor mortalidad en la cifra de 5 porciones/día.

Metaanálisis de estudios

El metaanálisis incluyó 26 estudios, (24 estudios prospectivos más los datos de NHS y HPFS)

Este metaanálisis arrojó resultados similares, 5 porciones por día, 2 de ellas de frutas y 3 de verduras, se relacionaron con la menor mortalidad, por enfermedades cardiovasculares, cáncer y respiratoria.

En lo que respecta a enfermedad cardiovascular, la mortalidad se redujo, con la ingesta de frutas y vegetales, hasta determinado umbral, donde se postula que se satura la absorción o las enzimas para su metabolización.

Cáncer también se redujo, pero a expensas del consumo de fruta, no así de vegetales.

La reducción de la mortalidad por enfermedades respiratorias, fue la “vedette” de este estudio, con una inexplicable reducción de 35%.

No se modificaron las cifras de mortalidad por enfermedades neurodegenerativas.

Los vegetales con almidón y los jugos de fruta no demostraron mejorar la sobrevida.

OPINIÓN

Los cardiólogos estamos acostumbrados a los tradicionales estudios de intervención randomizados de grupo control vs intervención, pero en nutrición son metodológicamente muy complejos, y muchas conclusiones son extraídas de estudios observacionales.

El prolífero grupo de investigación de Willett Walter[ii] (top 5 de autores con más publicaciones en medicina), llega a la conclusión que las dietas basadas en plantas son el objetivo (una vez más [iii],[iv], [v],[vi]), cumpliendo el refrán: “En nutrición dime que grupo publica, y te diré las conclusiones”.

Una de las grandes limitantes de este estudio es el cuestionario de frecuencia alimentaria. Imagine el lector que le pregunte: ¿Cuántos infartos tuvo en los últimos 4 años?, seguramente recordará a la perfección la respuesta; un poco más complicado sería ¿Quiénes fueron los arqueros de su equipo de fútbol en los últimos 4 años?, no es una pregunta compleja, pero nos obliga a adentrarnos un poco más en nuestra memoria (o a fuentes de información); diferente es el caso, si le pregunto ¿Cuántas manzanas por día comió en los últimos 2 a 4 años?, al verse obligado a contestar, su cerebro “armará” usando subjetividades y datos percibidos como reales una respuesta. De esto se tratan los formularios de frecuencia de alimentación. Y (a mi entender con justa razón) son criticados en el ámbito científico nutricional;[i] aunque como están validados, siguen siendo usados. (Nota: los autores del metaanálisis también nos advierten sobre el valor limitado de los cuestionarios). Los formularios de frecuencia de alimentación son muy complejos para rellenar, siendo este punto, otro clavo más en su utilidad. Figura2

Si observamos mortalidad cardiovascular, vemos una curva donde la relación no linear es muy marcada, por lo tanto, la pregunta subsiguiente sería, ¿Si nuestro paciente se excede con frutas y verduras, superaría su mortalidad al quintilo de menos ingesta? Figura 3. La respuesta a este interrogante es más sencilla de lo que parece. Si un ser humano come “comida real”, en este caso representada por frutas y verduras, su centro de hambre y saciedad funciona perfectamente y es muy difícil “comer de más”, a diferencia de la comida ultraprocesada que produce alteración del sistema y nos “obliga” a comer más.

Un dato no menor de este estudio es que la franca disminución en mortalidad se produce sobre la mortalidad respiratoria, dato muy difícil de enmarcar en alguna teoría fisiopatológica actual (Tabla1).

Personalmente creo que estos estudios, no aportan demasiadas respuestas, y solo sirven para el debate estéril en redes, sobre “la dieta ideal”.

Comer es un proceso cultural, geográfico, histórico, económico, familiar, político, filosófico y en último lugar agregaría “científico”, por lo menos con la visión sesgada de mucha ciencia nutricional.  Usar 4 o cinco variables y extraer conclusiones, es una estrategia peligrosa, más aún en el marco de la epidemia actual de sobrepeso/obesidad, diabetes T2, y aterosclerosis. Tenemos la obligación de entender que ser “científico” es entender al individuo, sus vínculos y su interrelación con el medio ambiente.

Necesitamos entender ¿Por qué se come así?, ¿Qué impacto tienen determinados alimentos en los centros cerebrales del placer?, ¿Cuánto influyen determinantes económicos y sociales? Explicarle a una comunidad agrícola-ganadera argentina, o a granjeros tamberos texanos, o a pescadores peruanos, que un estudio, que no contempla, su historia, su geografía, su economía, sus creencias, determina que la mejor dieta es una plant based, suena peligroso; incluso nada más alejado de la ciencia que el estudio parcializado de una respuesta sin relación con su entorno.

La frase de Borges que encabeza esta editorial tiene un profundo significado, en nuestra práctica actual. Tenemos un serio problema de clasificación. Las “cajitas” en las cuales guardamos nuestras ideas y clasificamos los problemas no se adaptan a la realidad. Insistimos con un modelo basado en enfermedades y puntos finales, cuando la realidad tiene más que ver con adaptaciones a entornos.

Debemos reemplazar las preguntas: ¿Qué comemos? O ¿Cuál es la mejor dieta?, por: ¿Por qué comemos lo que comemos? O “En el contexto de esa población, ¿Qué opciones existen…?

Nuestros pacientes, en un porcentaje muy escaso, comen lo que desean comer. Y comer, lo que la ciencia afirma que es sano, no deja de ser un privilegio. Parte del trabajo médico es forzar que nuestra ciencia interaccione con el medio, y forzar decisiones políticas, para que comer, deje de ser un acto de marketing y se transforme en un derecho básico, accesible a todos, y basados en dietas sin ultraprocesados, volviendo a lo que da la tierra.

Hoy por hoy, recomendar a un pueblo originario americano, una dieta mediterránea (aunque la evidencia nos dé la razón y una p, sea significativa), es un sinsentido histórico, geográfico, cultural y social. La ciencia, JAMÁS debe abandonar los contextos.

 

Ver link AQUI

REFERENCIAS:

[1]Willett, W.C. et al; Fruit and Vegetable Intake and Mortality: Results From 2 Prospective Cohort Studies of US Men and Women and a Meta-Analysis of 26 Cohort Studies; Circulation. 2021 Apr 27;143(17):1642-1654 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33641343/
[II] Willett, W.C. Crystal Ball: Walter Willett. Eur J Clin Nutr 73, 491–494 (2019).https://www.nature.com/articles/s41430-018-0279-7
[III] Willett, W.C. et al; Healthful and Unhealthful Plant-Based Diets and Risk of Breast Cancer in U.S. Women: Results from the Nurses’ Health Studies;  Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2021 Oct;30(10):1921-1931. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34289970/
[IV] Willett W.C. et al; Quality of Plant-Based Diet and Risk of Total, Ischemic, and Hemorrhagic Stroke; Neurology. 2021 Apr 13;96(15):e1940-e1953 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33692165/
[V] Willett, W.C.et al; Red meat intake and risk of coronary heart disease among US men: prospective cohort study; BMJ 2020 Dec 2;371:m4141 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33268459/
[VI] Willett W.C. et al, Changes in Plant-Based Diet Indices and Subsequent Risk of Type 2 Diabetes in Women and Men: Three U.S. Prospective Cohorts; Diabetes Care. 2021 Mar;44(3):663-671https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33441419/
[VII] Lavie, MD et al; The Inadmissibility of What We Eat in America and NHANES Dietary Data in Nutrition and Obesity Research and the Scientific Formulation of National Dietary Guidelines, Mayo Clin Proc. 2015;90(7):911-926 http://dx.doi.org/10.1016/j.mayocp.2015.04.009
[VIII] Stevenson RJ, Francis HM, Attuquayefio T, Gupta D, Yeomans MR, Oaten MJ, Davidson T. 2020 Hippocampal-dependent appetitive control is impaired by experimental exposure to a Western-style diet. R. Soc. open sci. 7: 191338. http://dx.doi.org/10.1098/rsos.191338

Posts Carousel

Deje un comentario

Registrese para comentar. Sus e-mail no será publicados

Cancel reply