Grasas saturadas y salud: una reevaluación y propuesta de recomendaciones basadas en alimentos

Grasas saturadas y salud: una reevaluación y propuesta de recomendaciones basadas en alimentos

En la revisión titulada: “Grasas saturadas y salud: una reevaluación y propuesta de recomendaciones basadas en alimentos: Estado del arte” publicado por la prestegiosa revista JACC[1] los autores buscan evaluar críticamente los efectos de las grasas saturadas en la dieta sobre la salud y proponen una recomendación basada en la evidencia. La dieta juega un

En la revisión titulada: “Grasas saturadas y salud: una reevaluación y propuesta de recomendaciones basadas en alimentos: Estado del arte” publicado por la prestegiosa revista JACC[1] los autores buscan evaluar críticamente los efectos de las grasas saturadas en la dieta sobre la salud y proponen una recomendación basada en la evidencia.

La dieta juega un rol crucial en el desarrollo y prevención de las enfermedades cardiovasculares[2]. Las guías recomiendan una dieta baja en grasas (<30%), limitar las grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta de energía[3] y reemplazar las grasas saturadas por grasas mono o poliinsaturadas para disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV)[4]. Estas recomendaciones se basan,  en gran medida, en  estudios observacionales realizados en países donde la ingesta de grasas saturadas era alrededor del 20-30% del total de energía y la mortalidad por ECV era muy elevada.  Asimismo, uno de los fundamentos principales sería la asociación entre la ingesta de grasas saturadas y el colesterol LDL y del mismo con eventos cardiovasculares. Esta última afirmación no considera el tamaño del LDL ni otros factores asociados que podrían provocar oxidación del LDL así como tambien insulino resistencia. De hecho, los resultados de los estudios observacionales, en general, no han respaldado una asociación entre el colesterol dietético y el riesgo de ECV[5].

Cuando analizamos la evidencia de estudios sobre alimentos nos enfrentamos con que presentan una gran variabilidad en la población, diseño, características sociodemográficas, rango de ingestas de colesterol y diferencias en el control de covariables. No consumimos sólo grasas o sólo carbohidratos. Por el contrario, estos macronutrientes se combinan mediante el consumo de alimentos que contienen una mezcla de nutrientes. Por otro lado, cuando hablamos de carbohidratos, muchas veces, se habla de “carbohidratos totales” en una sobresimplificación, dado que los mismos van desde frutas, verduras, legumbres, granos integrales y refinados, pan, cereales, arroz, etc. Es fundamental considerar tanto la calidad como la cantidad de carbohidratos, en lugar de agruparlos en una sola categoria.

Nos enseñaron desde niños que las grasas saturadas son malas, de hecho, en la biblioteca en línea de los Estados Unidos “Medline Plus” se refiere a la grasa saturada como una grasa “dañina”[6] ¿Será realmente así?.

El reemplazo de grasas con carbohidratos podría estar asociado con una mayor mortalidad total[7] [8] [9]. En el estudio PURE el aumento del consumo de todos los tipos de grasa (saturados, monoinsaturados y poliinsaturados) se asoció con un menor riesgo de muerte y tuvo una asociación neutra con las ECV[10].

Resulta evidente que, en el contexto de las dietas contemporáneas, hay poca necesidad de limitar aún más la ingesta de grasas totales o saturadas para la mayoría de las poblaciones. Por el contrario, restringir la ingesta de carbohidratos, particularmente los refinados, podría ser más relevante para disminuir el riesgo de mortalidad, incluso, si como afirma el artículo, consideraríamos como posibilidad que la sustitución de acidos grasos saturados (AGS) por ácidos grasos poliinsaturados reduzca el riesgo de eventos cardiovasculares, esto podría atribuirse a un posible efecto beneficioso de los ácidos grasos poliinsaturados y no necesariamente a un efecto adverso de los AGS. Finalmente, la evidencia de los estudios de cohortes y los ensayos aleatorios NO respalda la afirmación de que una mayor restricción de grasas saturadas en la dieta reduzca los eventos clínicos[11].

Coincidimos con los autores que si bien existe una relación inversa entre la reducción de colesterol LDL y la reducción de aterosclerosis[12], no se puede inferir que la reducción inducida del LDL con dieta resulte en un beneficio de ECV. Una segunda razón es la observación de que la concentración más baja de colesterol LDL refleja niveles reducidos de partículas grandes de LDL[13] que tienen asociaciones mucho más débiles con riesgo de ECV que las partículas de LDL más pequeñas[14] que no se reducen por la restricción de grasas saturadas en la mayoría de los individuos[15]. Además, la disminución de la ingesta de grasas saturadas también reduce los niveles de colesterol HDL y, por lo tanto, tiene un efecto relativamente pequeño en la proporción de colesterol total y HDL[16]. Del mismo modo, el estudio PURE informó que el riesgo observado entre grasa saturada y ECV no se ajusta a una relación con el LDL, sino que está relacionada con la proporción de ApoB/ApoA1; de hecho, esta proporción es más baja en aquellos con mayor ingesta de grasas saturadas[17].

Otro aspecto relevante es la variación individual en relación al estado cardiomeatabólico. Una persona con resistencia a la insulina tiene una mayor propensión a convertir los carbohidratos en grasas. La cantidad de AGS circulantes no está relacionada con la ingesta de grasas saturadas de la dieta, sino que se relaciona más estrechamente con la ingesta de carbohidratos[18]. Las dietas bajas en carbohidratos aumentan constantemente las tasas de oxidación de grasas en todo el cuerpo, lo que incluye el uso preferido de AGS como combustible. El impacto de los AGS dietéticos en la salud debe considerar el papel de la ingesta de carbohidratos y el grado de resistencia a la insulina, que afectan la forma en que se procesa las grasas saturadas.

Los resultados altamente heterogéneos de los estudios de intervención sugieren que algunas personas tienen mejores resultados para dietas específicas que otras. La información actual sugiere que la predisposición genética modula la asociación entre el consumo de grasas saturadas y el riesgo cardiovascular[19].

La obesidad y la diabetes tipo 2 son los principales contribuyentes al riesgo de ECV y la evidencia sugiere que la dieta óptima depende en parte de la “tolerancia a los carbohidratos”[20], asimismo, también puede variar con el nivel de ejercicio / condición física del individuo.

El efecto general sobre la salud de las grasas y aceites depende del contenido de AGS y ácidos grasos insaturados, pero no es simplemente la suma de los efectos de los componentes lipídicos individuales. Más bien, depende de los efectos de interacción de los componentes naturales y de los compuestos poco saludables introducidos por el procesamiento.

La salubridad de las grasas no es una simple función de su contenido en AGS sino un resultado de los diversos componentes en los alimentos, a menudo referidos como la “matriz alimentaria”.

El queso, yogurt, huevos, chocolate negro y carne (no procesada) son alimentos ricos en grasas saturadas. Los metanálisis basados en alimentos no han encontrado relación entre el consumo de estos alimentos y enfermedad cardiovascular[21] [22] [23].

Conclusiones originales de los autores1:

El sesgo de larga data contra los alimentos ricos en grasas saturadas debe reemplazarse con el fin de recomendar dietas consistentes en alimentos saludables. Sugerimos las siguientes medidas:

1) Mejorar la comprensión del público de que muchos alimentos que juegan un papel importante en el cumplimiento de las recomendaciones nutricionales también pueden ser ricos en grasas saturadas.

2) Enfatizar los efectos en la salud de los carbohidratos en la dieta que, al igual que los de las grasas saturadas dependerá de la cantidad, tipo, calidad, fuentes de alimentos, grado de procesamiento, etc.

3) Cambiar el enfoque del paradigma actual que enfatiza el contenido de grasas saturadas de los alimentos como clave para la salud, a uno que se centre en alimentos tradicionales específicos.

4) Alentar a los comités a cargo de hacer recomendaciones basadas en macronutrientes para traducir esas recomendaciones en patrones dietéticos apropiados y culturalmente sensibles.

Comentarios finales:

Todavía quedan varios interrogantes sin respuestas, pero las evidencias inclinan la balanza a pensar que la distribución de  los macronutrientes  (más allá de los AGS) debe traducirse en alimentos reales (leche, huevo, yogurt, carnes, pescado, frutas, legumbres, granos, etc.), y/o alimentos mínimamente industrializados, adaptados a la cultura y hábitos de cada comunidad. Por otro lado, la reducción de los AGS puede tener consecuencia no deseadas, si la implementación no se realiza de forma clara con respecto a los nutrientes y alimentos que se sustituyen.

No es de poca implicancia el rol que cumple la industria, que con el propósito de reducir costos y/o calorías incorpora hidratos de carbono refinados, que no siempre están claramente identificados.

El rotulado frontal de la información nutricional de los productos envasados es una materia pendiente para muchos paises de la región, pero es un derecho del consumidor y una herramienta fundamental para conocer qué estamos comiendo y luchar contra la epidemia de obesidad y diabetes.

            Quedan aún varios interrogantes en relación a cómo investigar y evaluar estrategias efectivas para la implementación y cumplimiento de las recomendaciones nutricionales basadas en alimentos y formas de preparación; posibles diferencias étnicas, raciales, el impacto de la ingesta de grasas saturadas en respuesta a los factores  de riesgo cardiometabólico, así como también, identificar factores genómicos, epigenómicos y variaciones en el microbioma, que podrían contribuir en los efectos individuales de los AGS sobre los factores de riesgos cardiovascular, entre otros. Sin dudas, un debate muy interesante, que requerirá de futuras investigaciones.

 

Dr Ezequiel Forte – MTSAC

CENDIC – Centro diagnóstico cardiovascular -Concordia (E.R.)

Secretario científico del consejo de cardiometabolismo (SAC)

Lic Andrea Camerini – Lic en Nutrición. 

CENDIA – Centro Integral de Endocrinología y Diabetes – Concordia (E.R.)

Servicio de Alimentación y Hemodiálisis del Hospital Masvernat – Concordia E.R.)

 

Ver link AQUI

[1] Arne Astrup, MD, DMSc, Faidon Magkos, PhD, Dennis M. Bier, MD, J. Thomas Brenna, PhD, Marcia C. de Oliveira Otto, PhD, James O. Hill, PhD, Janet C. King, PhD, Andrew Mente, PhD, Jose M. Ordovas, PhD, Jeff S. Volek, PhD, RD, Salim Yusuf, DPhil, Ronald M. Krauss. Saturated Fats and Health: A Reassessment and Proposal for Food-based Recommendations: JACC State-of -the-Art Review. S0735-1097(20)35687-4. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2020.05.077

[2] Guillaume Mahe, Marie Carsin, Maya Zeeny and Jean-Paul De Bosschere. Dietary pattern, a modifiable risk factor that can be easily assessed for atherosclerosis vascular disease prevention in clinical practice. Health Nutrition 2010: 14(2), 319–326 doi:10.1017/S1368980010001862

[3] WHO. World Health Organization healthy diet fact sheet number 394, 2017. www.who.int/mediacentre/factsheets/fs394/en/ (accessed Aug 19, 2017).

[4] Arnett et al. JACC 74; 10   2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2019.03.010

[5] Dietary Cholesterol and Cardiovascular Risk A Science Advisory From the American Heart Association Circulation 2020;141: e39–e53. DOI: 10.1161/CIR.0000000000000743

[6] https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000838.htm

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1 Comment

  • Ana torres
    agosto 18, 2020, 8:14 am

    Buenos días como entrar a las conferencias in line

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